24.10.13

¡Prohibido pisar el cesped! - Por Laura Martín

Integrantes del Baldío Teatro e invitados - (de izq a derecha)
Natalia Estevez - Julián Poncetta - Lucas Sebastian - Pablo Urruty - Laura Martín



Hacía  mucho  frío  y  estaba  en  la  Quebrada de Humahuaca… ¡Qué digo frío, me estaba congelando!... era julio de 1994 y estaba con mi grupo, El Baldío  Teatro.  Entre  tantas  cosas  que  nos habíamos propuesto, se encontraba la inquietud de hacer teatro en un espacio que no fuera el convencional. Inmersos en una cultura distinta, necesitábamos  probarnos  en  una  situación diferente a la sala tradicional en la  que  el  espectador  paga  su  entrada para verte. Fue  así  como  me  encontré  haciendo  teatro  callejero  por  primera  vez. Preparamos  una parada de calle en la
plaza  de  Tilcara,  bajo  la  consigna armar situaciones de a dos actores.  Con mi  compañero  elegimos  el  juego  de huir  y  chocarnos…  buscarnos  y  no encontrarnos.  Sabiendo  que  las  acciones  debían  ser  ampliadas  y  proyectivas,  jugamos  como  dos  payasos, ¡inevitable influencia de mi paso por la Escuela de Circo Criollo de los hermanos Videla y de las clases con Claudio Gallardou. La gente pasaba. Los niños sonreían preguntando… «¿llegó el circo señorita?»… Banderas,  personajes,  tambores  y zancos,  el  paisaje,  una  pequeña  rutina y cientos de indescriptibles rostros en mi retina construyeron mi primera experiencia de teatro callejero y la certeza de que para mi labor teatral, ya nada iba a ser igual. Hacer teatro de calle te obliga a una
creación constante que se da, valga la redundancia, en el hacer. Aún con mucho ensayo, uno sabe que estará presente  ese  margen  de  improvisación (que  es  al  mismo  tiempo  investigación y resultado) del que sólo saldremos airosos con los 5 sentidos funcionando al 100%. Entonces, ¿cómo ganar la atención  en  un  ambiente  naturalmente disperso? ¿Cómo inventar de la nada mi público? Es aquí donde debo recortarme del total y lograr ser la figura, ganar ese protagonismo sobresaliendo del fondo. Para ello, a mi modo de ver, un artista necesita un gran entrenamiento  y  la  aplicación  de  cierta técnica.
Es decir, no manejás el clima, tampoco  los  perritos  que  cruzan  y  te  recuerdan que ese es su lugar. No controlás un chico que, cerca de Navidad, te tira un petardo a tres metros tuyo; ni los bebés, que lloran; ni las señoras, que se disponen a verte pero de pronto  descubrieron  que  tenían  algo  para
charlar…  ¡entonces,  conversan!  Ni  al que vende helados, que se escurre entre la gente porque quiere vender, después  de  todo  es  su  trabajo…  ¿y  vos? Vos  estás haciendo teatro.  Ese  espacio
que  uno  ocupa  (en  caso  de  lograrlo), es de uno por un ratito. A su vez, ensayando en algún rincón de tu cuerpo, hay una improvisación acompañando un  buen  porcentaje  de  tu  trabajo.  El  imprevisto  sigue  siendo el imprevisto,  pero  sabemos  que  va  a  aparecer,  con lo cual, tenemos una parte de la batalla ganada.

Mi gran maestro: el aquí y ahora
«—¿no vio un señor grandote?… ¿con un moñito?… que tenía que venir acá y no vino…»es el único texto que tiene La Novia,  el  personaje  de  calle  que  más quiero  y  con  la  que  más  me  divierto
recorriendo festivales, plazas, calles de mi  país  y  del  extranjero.  Ella  cuenta con  una  breve  acción  y  ese  texto,  su simple historia. Fue con ella que, en el año 1998, en medio de una sesión de la ISTA, continué cargando más preguntas en mi mochila de actriz. La consigna era: quienes tengan algún  clown  para  presentar  nos  juntamos a las 15:00 horas en tal lugar. La Novia para  mí  es  una  payasa,  no  un clown, pero bueno, ahí estuve. El lugar era la cima de un monte al lado del castillo en dónde se realizaba esta sesión, a unos 150 km de Lisboa. Un lugar  hermoso  para  hacer  un  picnic…
¡pero  absolutamente  desolado  para hacer teatro! Ni público, ni posible público,  ¡ni  un  árbol  había!  Siendo  una convocatoria al margen del cronograma del encuentro, no era obligatoria. Resultado: cuatro actores, la naturaleza y yo, sin escapatoria. Llegó, entonces, mi turno y presenté a La Novia… con sus dos textos, sus pequeñas acciones, que se multiplicaron en miles de pequeñas acciones en una improvisación que tuve que desarrollar para sostener mi presentación. Fue  ahí,  donde  entendí  las  tantas cosas  que  luego  intentaría  poner  en práctica en mis trabajos y, al momento de transmitir, en mis seminarios. Otra manera de entender, no con la razón sino con el cuerpo, que en medio de la  inmensidad  en  la  que  me  hallaba, debía  generar  un  recorte  de  mi  figura; que proyectar no era solo ampliar mis  acciones;  que  un  stop  y  una  mirada podían tenermás presencia que un alarido. Encontrarme con no estar en la calle, que tampoco estaba el heladero, que no había perro que cruzaba mi escenario y que todo lo entendía en los minutos que improvisaba. Estaba en un espacio no convencional. Ante el riesgo de que mi voz pudiera ir para cualquier lado, necesitaba optimizar mis recursos y posibilidades para lanzarla como una flecha teledirigida. No podía fallar. Aprendí, entonces,  que  cuanto  más  inabarcable  era el espacio, más debía concentrar, precisar  y  potenciar  mis  acciones.  Sobre todo,  comprendí  que  mi  voz  era  una
acción, mi acción vocal.Entender  fue  en  ese  momento hacer. Dejar que el cuerpo piense, accione y se recorte, destacándose en tanta inmensidad.  Claramente,  ese  espacio no convencionalque no era sala, no era salón, no era calle, no era subte, sino diez  minutos  de  improvisación,  fueron mi gran maestro.

Teatro para espacios no convencionales
Teatro para espacios no convencionales, este es el nombre con el que más identifico  mi  camino.  Hemos sacadode  la  sala  muchas  puestas  del  grupo: a río Revuelto,Los viajeros del arca del
Argentum Opaco, Fría como azulejo de cocina.  Todos  ellos  han  dejado  el  espacio tradicional para adaptarse a calles, callejones,  patios,  jardines,  grandes plazas, plazoletas, estaciones de tren abandonadas  (en  Córdoba),  caballerizas  devenidas  en  salones  para  la  cultura (en Humahuaca) y hasta castillos medievales reciclados de festivales europeos.  Incluso Amobal,  nuestro  más antiguo espectáculo diseñado para espacios abiertos, todavía sigue robando sonrisas por ahí…El Festival de la Víspera, que organizamos de forma ininterrumpida desde 1997, se convirtió también en una gran
escuela para nosotros. Su característica es la utilización de espacios abiertos como plazas, callecitas y también salones de colegios, bares, terrazas o la vereda del vecino que le toque. El arte saliendo  a  la  calle,  el  arte  invadiendo  durante  tres  días  nuestra  ciudad. Fueron  15  años  de  un  paulatino trabajo de conquista del espectador. Un gran despliegue de las más heterogéneas formas artísticas, en donde nuestro trabajo creativo tuvo eje en la combinación y recorrido de los diferentes grupos en el abanico de posibilidades espaciales.

Volver a estar en la calle…
En la actualidad, el espacio callejeroha perdido el protagonismo del juego, la tranquilidad de su disfrute. Estar en la calle  pareciera  ser  sinónimo  de  estar en peligro.  Ya  no  encontramos,  en  las noches calurosas de verano, a los vecinos tomando mate en camiseta ni a los pibes  jugando  en  la  vereda.  Nuestros niños no disfrutan las incursiones en bicicleta por el barrio, en donde el único límite era la hora en que teníamos que volver a casa a tomar la leche. El mundo que nos toca vivir hoy, es otro. Pero, el mundo que como artistas debemos  rescatar  es  el  de  siempre:  el de los sueños, la magia, la alegría. El mundo del pibe jugando en la vereda, a la bolita, al ring raje. De alguna forma, en lo que creo profundamente es que el teatro de calle, de  espacios  no  convencionales,  arte tan  particular,  popular  e  irreverente puede devolvernos lo mejor de nuestra infancia. Esos años en que nuestra mirada  era  una  herramienta  poética, en donde todo lo que nuestros ojos tocaban se transformaba en arte.


Laura Martín.Actriz fundadora de El Baldío Teatro. Instructora de los seminarios: «Prohibido pisar el césped» (sobre su trabajo de investigación en espacios no convencionales) y «Desandando la sonrisa» (sobre el proceso creativo para abordar el humor). Se desempeña como profesora del Instituto Universitario Nacional del Arte: Actuación I y II, cátedra Medrano y en los talleres de teatro en extensión universitaria de la Universidad Nacional de Tres de Febrero. Obtuvo una beca en 1998 para participar de la XI sesión de la ISTA (International School of Theatre Anthropology) en Portugal. Integra el staff pedagógico de El Séptimo, Red de Teatro. Como actriz realizó más de 20 espectáculos entre ellos: Fría como azulejo de cocina, Mención mejor espectáculo de Humor Festival Iberoamericano, Mar del Plata, 2008; Cartas de palabras sin eco; Memory Mouse; La Fragua; Sueños de Serenata, con los que ha recorrido, junto a El Baldío numerosos Festivales en Europa y Latinoamérica. Actualmente prepara un trabajo unipersonal a estrenar en 2013


Revista Saverio - Año 5 Nº19 /Noviembre 2012

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