5.11.13

Carta al actor D.



A menudo me ha sorprendido la falta de seriedad en tu trabajo. Y esto no se debe a la ausencia de concentración o de buena voluntad. Es la expresión de dos actitudes.
En primer lugar se tiene la impresión que tus acciones no están dictadas por una convicción interior, por una necesidad irrefrenable que deja su marca en el ejercicio, en la improvisación, en la escena que ejecutas. Puedes estar concentrado en tu trabajo dándote sin economizar, tus gestos pueden ser técnicamente precisos, pero tus acciones permanecen vacías. No creo en lo que haces. Tu cuerpo dice sólo una cosa:obedezco una orden recibida del exterior. Tus nervios, tu columna vertebral, tu cerebro no están movilizados, y con una actividad epidérmica quieres hacerme creer que cada acción es vital para tí. Tú mismo no adviertes la importancia de aquello que quieres compartir con el espectador.
¿Cómo puedes, entonces, esperar que el espectador quede prendido por tus acciones? ¿Cómo puedes afirmar y hacer entender que el teatro es el lugar donde las convenciones sociales deben desaparecer para dejar espacio a una comunicación franca y absoluta? En este lugar, tú representas a la colectividad, con las humillaciones que has sufrido, con tu cinismo que es autodefensa y tu optimismo que es irresponsabilidad, con tu sentido de culpa y tu necesidad de amor, con tu nostalgia por un paraíso perdido, escondido en el pasado, en la infancia, en el calor de un ser que te hacía olvidar la angustia, en el tiempo en que no te hacías preguntas y exigías una respuesta.
Todas las personas de la sala quedarán sacudidas si, durante la representación, efectúas un retorno a estas fuentes, a este terreno común de la experiencia individual, a esta patria que se cela. Éste es el lazo que te une a los otros, el tesoro sepultado en lo más profundo de nosotros mismos, que no ponemos nunca al descubierto porque nos conforta, porque duele tocarlo.

La segunda tendencia que veo en ti es el embarazo de considerar la seriedad de este trabajo: sientes una especie de necesidad de reír, de hacer burlas, de comentar humorísticamente lo que hacéis tú y tus compañeros. Es como si quisieras huir de la responsabilidad que sientes inherente a tu profesión consistente en establecer una relación con los otros hombres y en asumir la responsabilidad de lo que revelas.
Tienes miedo de la seriedad, de la conciencia de estar en el límite de lo permitido. Tienes miedo de que todo lo que haces no sea sinónimo de fanatismo, de aburrimiento, de aislamiento profesional. Pero en un mundo en que los hombres que nos circundan ya no creen en nada, o fingen creer para estar tranquilos, quien excava en sí mismo para afrontar su condición, su ausencia de certezas, su necesidad de vida espiritual, es tomado por un fanático o por un ingenuo. En un mundo cuya norma es el engaño, aquel que busca “su” verdad es tomado por hipócrita.
Debes aceptar que todo aquello que creas, liberas y modelas en tu trabajo, merece respeto y protección por el hecho de pertenecer a la vida. Tus acciones frente a la colectividad de los espectadores, tienen que poseer la misma fuerza de la llama escondida en la tenaza incandescente o en la voz de la zarza ardiente. Sólo entonces tus acciones podrán continuar viviendo en los sentidos y en la memoria del espectador fermentando en consecuencias imprevisibles.
Mientras estaba en su lecho de muerte, Dullin retorcía la cara asumiendo la semejanza y los trechos de los grandes papeles que había encarnado: Smerdiakov, Volpone, Ricardo III. No moría sólo el hombre Dullín, sino también el actor con todas las etapas de su vida.

Si te pregunto por qué has escogido convertirte en actor, me responderás: para expresarme, para realizarme. Pero, ¿qué significa realizarse? ¿Quién se realiza? ¿El jefe de oficina Hansen, que vivió una existencia respetable, sin problemas, nunca atormentado por preguntas que permanecen sin respuestas? ¿O el romántico Gauguin, que después de romper con las normas sociales llevó a cabo su existencia en las privaciones y la miseria de una aldea polinesia, Noa-Noa, donde pensaba haber encontrado la libertad perdida? En una época en la cual la fe en Dios es diagnosticada como neurosis, nos falta el metro para medir si nuestra vida se ha realizado o no. Cualquiera que hayan sido las secretas motivaciones personales que te han conducido al teatro, ahora que ejercitas esta profesión tienes que encontrar un sentido que, yendo más allá de tu persona, te confronte socialmente con los otros.

Sólo se puede preparar una vida nueva en las catacumbas. He aquí el lugar de aquéllos que en nuestra época buscan un compromiso espiritual cimentándose con las eternas preguntas sin respuestas. Esto presupone coraje: la mayoría de la gente no tiene necesidad de nosotros. Tu trabajo es una forma de meditación social sobre tí mismo, sobre tu condición humana, sobre los acontecimientos de nuestro tiempo que te tocan más profundamente. En este teatro precario que estorba el pragmatismo cotidiano, cada representación puede ser la última. Y tú debes considerarla como tal, como la posibilidad de alcanzarte a tí mismo consignando a los otros el balance de tus acciones, tu testamento.

Si ser actor significa sobre todo esto para tí, entonces nacerá otro teatro; otra tradición, otra técnica. Se establecerá una nueva relación entre tú y el espectador que por la noche viene a verte porque te necesita.

E. Barba - Teatro: Soledad,Oficio y revuelta.

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