17.2.14

El oficio actoral, toparse con la muerte


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- En el caso de la disposición hacia el director teatral, la relación es algo más compleja...
- Sólo porque se supone tradicionalmente que el director es el depositario natural del saber de la totalidad teatral. Y el actor acepta convertirse en un mero resonador, un amplificador de las imágenes del director, reduciendo así su potencialidad, olvidando que él es el elemento central del acontecimiento teatral. Pero, insisto, creo que se trata de lo mismo: es tan difícil ser convocado que, en principio, el actor trata de ser aprobado por la autoridad establecida. Claro... somos tan endebles, tan temerosos, tan neuróticos... y, por otro lado, no nos pagan, vivimos mal, no tenemos demasiado claro cómo encarar nuestra formación, ni sabemos muy bien que diablos somos...
- ¿Cómo habría que encarar la formación actoral?
- Yo no lo sé. Pero podría proponer un punto de partida desacralizar los textos formativos, las concepciones que se han instalado como verdaderas religiones de contenidos inmutables, con sus respectivos apóstoles, santurrones y sus monaguillo. Estos parecen no entender que cada concepción (llámese naturalismo de Stanislavski, salvajismo de Artaud, o distanciamiento brechtiano) surgió en contextos histórico-sociales precisos. Yo no me opongo de plano a ninguna línea, pero sí al reduccionismo dogmático al que fueron somoetidas por los sacerdotes locales. No seamos tan injustos, por otro lado, como para olvidar que esta inmovilidad ideológica dentro del ámbito teatral no es más que el correlato de un funcionamiento de toda la sociedad; una sociedad que lamentablemente se encuentra resignada, sin ánimgo de rebelarse contra lo preestablecido.
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Entrevista con Ricardo Bartís realizada por Guillermo Saavedra y publicada sin la firma de éste en La Razón, Cultura, Domingo 6 de Julio de 1986. P.2

Cancha con niebla

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